jueves, 19 de julio de 2018

Café y buen vivir

El café justo y el consumo responsable promueven el buen vivir. El buen vivir en las comunidades indígenas andinas se lo suele entender como vida en plenitud.

Si el campesino que produce café en armonía con otros cultivos propios de la biodiversidad, si busca minimizar sus impactos ambientales en el procesamiento del café, está contribuyendo ambientalmente no sólo para su territorio, sino para el planeta por vía los encadenamientos ecológicos.

Si el campesino vende directamente, si el comercializador paga mejor a ese campesino, si el comprador prefiere cafés que provienen de cultivos respetuosos con la naturaleza y paga ese valor agregado, está contribuyendo al buen vivir ambiental a través de un pago justo.

Si el consumidor aprende  y toma un café de alta calidad, que proviene de ese trabajo juicioso de los campesinos, es un consumidor responsable que beneficia su salud, al campesino, a la sostenibilidad ambiental. 

Buen vivir es consumir alimentos que beneficien al planeta, a los campesinos, al consumidor. Mal vivir es consumir café elaborado con los residuos de la cosecha, con granos inmaduros, con granos de baja calidad. 

El café es una sombrilla que nos permite reflexionar sobre la cadena de donde provienen nuestros consumos alimentarios, como los tubérculos, los cereales, el cacao, y tomar decisiones sostenibles y de buen vivir.



Qué es el buen y el mal vivir es una pregunta para que las comunidades y las personas construyamos de forma permanente.


EL BUEN VIVIR SON RELACIONES ARMÓNICAS: El buen vivir en términos general tiene que ver con la relación armónica consigo mismo, con la comunidad y con la naturaleza, desde las concepciones indígenas se atraviesa esa triple relación con las concepciones y prácticas para una relación armónica con la espiritualidad, lo cual tiene que ver con el yo, con el otro y con la naturaleza.

Desde la relación consigo mismo, el buen vivir tiene que ver con estar en paz consigo mismo, comer bien, estar saludable, respetar el cuerpo propio y el del otro, rituales de agradecimiento por lo alimentos, el aire, la vida.

La posibilidad del buen vivir para todos requiere el reconocimiento de los derechos de todos y por lo tanto la necesidad de mantener unos bienes comunes que deben ser mantenidos para que el buen vivir sea posible.

EL MAL VIVIR COMO DESARMONÍA: Si hay buen vivir, hay mal vivir, esto es una forma de vida en lo personal, en las relaciones sociales y con la naturaleza que no generan armonía.

El mal vivir se evidencia en la desconexión de las comunidades y las personas de la naturaleza, en el desarrollo de prácticas sociales, personales y productivas donde la naturaleza se deteriora.

En las relaciones sociales, el mal vivir se expresa en el consumismo, esto es, la tendencia a comprar objetos innecesarios, objetos producidos con una explotación insustentable de la naturaleza, o la producción de residuos que la naturaleza no está en capacidad de manejar.

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